Dije lo que quería

En los últimos días un matrimonio acudía a mi notaría a formalizar un acta de transparencia, como exige la Ley de Crédito Inmobiliario. Habían obtenido financiación para construir su casa. Es lo que en la notaría llamamos un préstamo a autopromotor. No es una operación habitual, en la época actual. Al menos en una ciudad. En las ciudades las personas suelen vivir en pisos que no construyen ellos mismos. Cuando estaba en los pueblos no eran pocos los que se construían su casa. En las ciudades las viviendas unifamiliares que se construyen en régimen de autopromoción suelen conllevar un esfuerzo económico importante, por ello suelen tener un público más restringido. En los pueblos, no es inusual que los vecinos construyan su propia casa incluso dentro del municipio, pues la tipología constructiva es diferente.

En el caso de este matrimonio se daba la circunstancia, además, de que eran extranjeros. Tenían formación, sabían español e incluso tenían suficientes conocimientos legales por su profesión. Sin embargo, los modos y leyes de cada país no son coincidentes entre sí. Además, anteriormente se les había atendido en la notaría de forma satisfactoria, de hecho, cuando el banco les comentó la posibilidad de elegir notario, como procede, para formalizar su préstamo hipotecario, depositaron su confianza en nosotros, en consideración a las experiencias anteriores.

Sucede que, en este caso, en lugar de acudir previa y directamente a la notaría para exponer su propósito, simplemente, encargaron la financiación en el Banco. La directora de la oficina hizo bien su trabajo, en efecto, vendió el producto financiero. Fidelizó a los clientes. Sin embargo, cuando proyectó la operación, no tuvo en cuenta que ésta requería el previo otorgamiento de la escritura de declaración de obra nueva -aquella en la que se constata el proceso constructivo sobre un solar que, en este caso, termina con el reflejo de la casa en el Registro de la propiedad, tras el otorgamiento bien de la propia escritura, bien del acta de finalización de obra-.

Tres días antes de la fecha proyectada, unilateralmente, por los prestatarios, para la firma de la escritura de financiación estos comparecieron para la autorización del acta de transparencia, requisito imprescindible para otorgar el préstamo hipotecario. Previamente, desde la notaría informamos al banco y gestoría de que no se nos había facilitado ninguna documentación para preparar la escritura de obra nueva, si bien, manifestaron que la aportarían los clientes.

Como era de esperar, el día del otorgamiento del acta los clientes trajeron parte de la documentación, pero ni toda ni la más importante. Desafortunadamente, el técnico que llevaba el proyecto estaba confinado y no pudo aportar la documentación necesaria, ni siquiera un borrador por e-mail, que hubiera sido bastante para, simultáneamente, otorgar tanto la declaración de obra nueva como el préstamo hipotecario.

Afortunadamente, la operación financiera no estaba condicionada a la firma de la previa escritura de declaración de obra nueva, como suele ser habitual. Sin embargo, los clientes mostraban su descontento, por no haber podido resolver todo en un mismo día.

Llegados a este punto se me ocurren las siguientes reflexiones:

  • En las operaciones complejas debe haber un responsable de las mismas, desde una perspectiva integral. En el caso del post, el Banco sólo miró por sus intereses. Resolvió sus problemas, pero no los de sus clientes.
  • En este caso, si los clientes hubieran acudido simultáneamente a la notaría se les habría informado de todo y no habría surgido la contingencia que les contrarió.
  • Un abogado o un técnico que preste un asesoramiento integral sobre el proceso constructivo hubiera evitado los problemas que se relatan.
  • Si los clientes prescindieron de dichos profesionales deberían haber planteado todo el tema a la notaría. A veces, lo barato sale caro.

Para preparar una escritura, todo es importante, muchas veces se resuelven cosas sobre la marcha, pero no siempre es posible. Por ello, resulta imprescindible que se nos faciliten con antelación, y más en esta época difícil, todos los antecedentes. En este caso no se generaron más problemas que la incomodidad de acudir a una segunda cita, sin embargo, en otras ocasiones, puede que la operación se frustre, generando daños y perjuicios. Por eso es importante anticiparse a los problemas.

Y volviendo al título de este post… “Dije lo que quería… “ pero… ¿a quién?

Antonio Ripoll Soler

Notario de Alicante

www.notariaripoll.com

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