Amar a través de las cosas: la herencia

The adult and the child holding red heart.

   “Haces cálculos sobre tu muerte. Piensas en cuanto dinero tienes en el banco […] Cuánto le daría a Bra y cuánto a Valdi. La misma cantidad, he pensado en esa cantidad. He pensado también en dejarle un dinero a Mo, para que vuelva a España, y también he pensado en que, al final, ella tendría que hacerse cargo del entierro. Y saldar préstamos. Con esas cuentas me podría ir de este mundo […].

   Cuánta hermosura habrá en ese dinero que he sido capaz de ganar, si sé regalárselo a ellos. Pensaba en qué harían Bra y Valdi con ese dinero y en cómo recordarían esa herencia cuando hubiesen pasado cuarenta años […].

   Yo no heredé dinero a la muerte de Bach y Wagner […]. Si me hubieran dejado dinero, yo creo que habría transformado ese dinero en amor […], creo que iría todos los días a ese banco para ver esos cincuenta mi euros, para verla a ella allí, allí derramada, allí amándome a través del dinero. Porque se puede amar a través de todas las cosas” (*)

   La cita anterior está sacada de Alegría, de Manuel Vilas, un libro cuya lectura recomiendo, al terminarlo escribo este tuit:

“Termino #Alegria de @GranvilasR+1, tratado sobre el amor, no el que debiera ser, el que es, para cada cuál el suyo, amor a los padres, a los hijos, a la pareja que fue y a la que será y te acompaña desde entonces incondicionalmente, pero también amor a uno mismo como primer amor”.

   Se ve que me estoy haciendo mayor, nunca he tenido la costumbre de anotar citas de libros, si bien, en este caso, me he marcado muchas páginas. Me llamó la atención la reflexión del autor en el pasaje que se transcribe, pues como notario, yo también me he planteado en muchas ocasiones lo que sienten aquellos que reciben un regalo,  de sus padres, en vida, pero, sobre todo, qué piensan los que recogen, tras su muerte, el trabajo de sus progenitores convertido en bienes materiales. El pasaje se encuentra a mitad del libro y cuando lo leí no pude resistirme a escribir algo sobre él, si bien, no quise hacerlo hasta haber acabado el libro, como si no quisiera contaminar mi lectura con mis pensamientos.

   La sensación que narra el autor, confieso, yo también la he tenido, mis padres, afortunadamente, aún viven. Mi padre es muy dado a regalar dinero, cuando llega una ocasión señalada, siempre pienso en gastarlo en un regalo tangible, algo que haga que convierta ese dinero en un recuerdo, en un nexo a él, atemporal, infungible… no suelo hacerlo, pues, al final, acabo gastándolo en mis propios hijos. En alguna ocasión reservo ese dinero, a la espera del momento, un momento que nunca llega, si bien, a veces, ese billete, ese trozo de papel, se desvincula de su valor monetario, para convertirse en “el billete que me dio mi padre”…

   La sala de firmas de una notaría es un lugar en el que se aprende, y mucho, no ya de las personas que te visitan, que confían en ti… sino de la propia esencia del humanidad, en esos momentos, ves, descarnadamente, como es cada cual, las cosas que te gustan mucho, y las que no tanto.

   Me pregunto, muchas veces, qué piensan los que reciben la herencia de sus padres. Una vez superado, formalmente, el dolor, pues el dolor creo que nunca te abandona, la propia novela de Vilas es un ejemplo de ello, cada cual canaliza la materialidad que éstos le han dejado de una manera.

   Hay quien siente respeto a la cosa recibida, como centro de imputación de vivencias y sentimientos: “La casa de mis padres, la casa en la que nos criamos”. En esos casos, cuando son varios hermanos, siempre hay alguno que transmite el dolor que le produce desprenderse de ella. Los proindivisos no son situaciones cómodas, por ello es frecuente que esos hermanos la vendan y se repartan el dinero. Siempre hay alguno al que le da más pena. Como yo soy el hermano mayor, suelo pensar que a mayor se es, más sentimientos remueve la situación.

   En otras ocasiones se percibe agradecimiento, no ya a lo recibido, agradecimiento al hecho de que los padres siguen velando por los hijos más allá de sus días. Esos bienes materiales solucionan problemas actuales que superan a los hijos. El esfuerzo de sus padres sigue produciendo efectos cuando éstos no están.

   No faltan las veces en las que la sombra de los padres se alarga más allá de la generación de sus hijos. Hay veces en las que los hijos se ponen de acuerdo para que, normalmente con contraprestación, uno de los nietos se quede la vivienda. Se cumple un doble propósito. Por un lado, se ayuda a ese familiar que, en unos tiempos difíciles, trata de emanciparse. Su padre o su madre, en el fondo, traspasa la herencia de sus padres, abuelos del que se queda con la propiedad, a dicho hijo. Por otro lado, los otros familiares, puede que ayuden al hijo, sin embargo, en el fondo, son leales a sí mismos, sienten que de esa manera no están traicionando a la memoria de los fallecidos, pues el bien sigue produciendo alegría dentro de la familia. Piensan que a los abuelos les gustaría que esa casa siguiese proporcionando felicidad a alguien de su estirpe.

   Existen también, por desgracia, casos en los que esos bienes generan disputa entre los hermanos, lo que debiera ser recoger el testigo de la alegría de los padres, sin embargo, genera tensiones y problemas irresolubles entre los herederos. En tales supuestos, casi es una suerte que dichos padres no lleguen a ver sus expectativas frustradas o, quién sabe, confirmadas, por la actitud de su progenie.

   Los casos que más tristeza me producen son aquellos en los que, vivo uno de los padres, algún hijo reclama descarnadamente su parte a la madre o padre sobreviviente, como si se repartiesen los despojos de una vida hermosa para generar dolor, privando a su progenitor de aquello que tal vez necesita aún para vivir, para seguir siendo testigo y depositario de la Alegría que es la vida. Esos casos, afortunadamente, son los menos, sin embargo, me dejan un vacío y difícilmente los olvido.

   No todo el mundo es capaz de ver amor en la muerte, sin embargo, cada cual tiene su sensibilidad y es posible aprender de todas, por difícil que parezca.

Antonio Ripoll Soler

Notario de Alicante

www.notariaripoll.com

(*) Vilas, M., Alegría, ed. Planeta, Barcelona 2019, p. 162

4 Comentarios »

  1. Se agradece mucho que alguien manifieste el lado humano de una herencia. De hecho, el Derecho hereditario no tiene su esencia en los bienes y la distinción entre un heredero y un simple legatario no depende, en absoluto, de la universalidad o individualidad de la designación Enhorabuena por transmitir esa visión. Un abrazo.

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