Jorge López Navarro, mi preparador, DEP

El pasado 27 de marzo, falleció Don Jorge López Navarro. Para muchos Jorge era un gran notario, para otros, era notario de Alicante…
Para mi, fue mi preparador. Sólo quien ha aprobado las Oposiciones a Notarías puede entender lo que eso implica. ¿Sólo el que ha aprobado? Me parece que sí, porque el ser humano tiende a olvidar lo malo y a enaltecer lo bueno. El aprobado genera una deuda de gratitud hacia quien te ha ayudado.
Conocí a Jorge en otoño de 1996, después de un año de oposición. Por motivos que no vienen al caso, buscaba un preparador distinto al que había empezado a prepararme. En su día, inicialmente, no llamé a la puerta de Jorge porque, esto es verdad, le precedía la fama de cenizo, lo era. Aunque no le faltaba razón, era especialmente pródigo en mostrar el lado malo de la oposición y, en cierto modo, quitaba las ganas.
En aquella época las oposiciones no eran como ahora, internet existía de forma embrionaria. No existían los chats. Aunque ya Bauman hablaba de la “sociedad líquida”, no se habían popularizado aún los avances tecnológicos que convirtieron esa liquidez en fugacidad. A cantar los temas se iba presencialmente, no existían videoconferencias. Tenías que mirar al preparador a los ojos y eso, para el opositor, era como el miedo escénico del Bernabeu, había que saber vencerlo.
Cuando Jorge me tomó el primer tema se quedó contento conmigo, semana tras semana me decía “yo no te estoy preparando, sigue yendo a donde vas…”. A Jorge no le apetecía asumir nuevos compromisos, sin embargo, yo, a la segunda semana, sin decirle nada, deje de cantar temas con el preparador anterior… Jorge creyó en mi desde el principio.
Semana tras semana, los jueves, a las cinco de la tarde, junto con mis cuatro compañeros, asistía puntual a la cita en la “Academia”. La Academia, al principio, era un localito que Jorge había alquilado, en el edificio de su notaría, para almacenar el protocolo. Más tarde nos trasladamos a la que fuera su notaría, en la Calle Bilbao, pues Jorge se había trasladado a otro local.
Cantar los temas con Jorge, al menos para mi, era un ejercicio de responsabilidad. Jorge nos preparaba de forma gratuita y, además de llevar su notaría de forma impecable -la notaría de Jorge era de las más grandes de Alicante y “de menudeo”, el que es notario sabe la carga de trabajo que ello implica-, estudiaba tanto o más que el que más lo hacía de nosotros. ¿Ante semejante guerrero quien podía arrugarse para justificar una mala semana de estudio? Reconozco que a mi me daba vergüenza, simplemente, plantearme poner cualquier excusa una semana mala, pues Jorge predicaba con el ejemplo.
Vísperas de examinar cambiaron la Ley del suelo, yo llevaba los temas actualizados, Jorge, no yo, los había hecho para mi.
Con el tiempo, Jorge se convirtió en un especie de padre, el tiempo vivido con él es y será inolvidable. Lloró mis fracasos más que yo lo hice y se alegró por mis éxitos con orgullo moral.
Jorge se fue, discretamente, como siempre vivió, de una forma humilde. No se si a cosa hecha, hizo coincidir su despedida con la celebración de los 25 años de mi aprobado, si hay un Cielo, en el que a él, seguro, le corresponde un sitio, él sabrá porque lo llamaron ese día. Me dejó, como suele suceder, cosas pendientes, sin hacer… en la publicación de mi tesis, en los agradecimientos, aparecía él de modo especial, por circunstancias de la vida, de su situación vital final, no encontré momento para darle el libro y hacerle partícipe de lo que había escrito por él y para él.
Cuando nos reunimos para organizar el homenaje de la jubilación de Jorge me di cuenta de que cada uno de sus muchos discípulos, que le debemos el ser notario, tenía “un Jorge”. Mi Jorge, sin embargo, lo compartía con una compañera con la que el otro día, en un momento de desahogo, me refería a “esta especie de orfandad, que Jorge nos ha impuesto”.
Cuando hablo de Jorge, no puedo dejar de acordarme de dos frases, la primera, de él: “Ser notario no es un medio, es un modo de vida”, así me despedía cuando iba a examinarme. La segunda de Aurora, su Aurora a la que tanto refería después de su jubilación, de forma agradecida: “Yo solo tengo dos hijos, Jorge, tú tienes muchos”. Ciertamente, Jorge fue una especie de padre putativo para todos…
Sirvan las líneas anteriores, escritas “a vuela pluma”, y, en cierto modo, espero, “en estilo, claro, puro y preciso”, como testimonio de gratitud al que fuera mi preparador.
Jorge, cuanto te echamos de menos…
Antonio Ripoll Soler
Notario de Alicante
