¿Dónde firmo?

cdspaaya

   Esta semana se sentaba una señora belga en torno a una de las salas de firmas de mi notaría. Me gusta mi trabajo. Atender a las personas. Escuchar, aprehender las vivencias ajenas… era violinista, qué bonito. Fue un rato agradable. Compraba una casa. Al finalizar, dijo:

“Qué fácil es esto en España”

   A mi me llamó la atención, su comentario, en francés, dirigido al intérprete que la asistía, le referí que me llamaba la atención su comentario y que me explicase. Me dijo que la había parecido fácil su paso por la notaría y que le había llamado la atención que sólo se estampase una firma en la escritura.

   Es algo que llama la atención a muchas personas, especialmente a las extranjeras. En efecto. Las escrituras… ¡Sólo se firman una vez al final!

¿Por qué sorprende? ¿No ha sido siempre así? La regulación de las firmas de las escrituras se encuentra en el Reglamento Notarial, así, el artículo 154 RN establece:

   “Los instrumentos públicos, a excepción de las pólizas, se extenderán en el papel timbrado correspondiente, comenzando cada uno en hoja o pliego distinto, según se emplee una u otra clase de papel y, en todo caso, en la primera plana de aquéllos. Al final del instrumento, expresará el notario la numeración de todas las hojas o pliegos empleados que deberá ser estrictamente correlativa, salvo que con carácter excepcional y por causa justificada que el notario expresará no pudiere hacerse así. Las firmas de los otorgantes deberán figurar a continuación del texto del acto o negocio jurídico que se autoriza o interviene, sin perjuicio de que cuando el número de otorgantes así lo exigiere se utilice uno o más folios adicionales, cuya numeración deberá ser igualmente relacionada por el notario.

   Cuando por tratarse de provincia exceptuada del uso de papel sellado o cuando por alguna circunstancia excepcional se emplee papel común sin señal o numeración que lo identifique suficientemente, los otorgantes y testigos, en su caso, deberán firmar en todas las hojas o pliegos.

   No será necesaria la firma de otorgantes y testigos en las particiones y demás documentos que se protocolicen, aun cuando se hallen extendidos en papel común, debidamente reintegrado, si el instrumento público mediante el cual se protocolicen, lo está en papel timbrado o que reúna las condiciones expresadas.

   Además deberán llevar numeración correlativa todas las hojas, incluso las en blanco, que constituyen el protocolo anual”.

   ¿Acaso no existe papel timbrado en el resto de países? El papel timbrado, en España, se emplea en las notarías para repercutir el Impuesto de Actos Jurídicos Documentados. Sí, es un tema fiscal, cada folio conlleva el valor de 25 de las antiguas pesetas que viene a ser 0,15 € y pico… al final un pico, pensemos que una hipoteca, de esas que nuestro Presidente, Don Pedro Sánchez, socializó fiscalmente, fácilmente puede tener unos cincuenta folios, que vienen a ser 7,5 silenciosos euros, así, como quien no quiere la cosa, que se disimulan en la factura notarial, como si fueran honorarios del notario, pero que son impuestos como el IVA, que también, en época del Sr. Rajoy, pasó a gravar las escrituras de préstamo hipotecario.

   En cambio, sin perjuicio de la imaginación fiscal del legislador de otros países, más allá de nuestras fronteras, los notarios emplean papel común, por lo que los otorgantes de las escrituras ponen su firma, iniciales o media firma, a modo de visé, en todas las hojas en que se entienden. Tanto el papel timbrado como las firmas en todas las hojas garantizan la integridad del documento, de esa manera se evita que una hoja se sustituya por otra y es que a veces más vale parecer que ser.

   Y entonces… ¿Dónde se firman las escrituras? Las escrituras se firman al final,  a partir de donde dice “DOY FE”, que es una frase sacramental que supone el punto y final de la escritura. Y se firman sin apurar el margen izquierdo del anverso del folio o el margen derecho de su reverso, pues las escrituras se encuadernan y debe evitarse que la encuadernación muerda las firmas. Siempre me llama la atención que muchos representantes de entidades de crédito, que comparecen habitualmente en la notaría, no tengan en cuenta esto o pregunten: ¿Dónde firmo?

   Y, finalmente, la última firma, es la del notario, no la del comprador, ni la del vendedor, ni la del representante de la entidad de crédito, a lo que se aferran estos últimos, como si no quisiesen realmente dar el dinero. Pues es la firma notarial la que autoriza el documento y lo convierte en escritura… pero esa… es otra historia.

Antonio Ripoll Soler

Notario de Alicante

www.notariaripoll.com

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