Emprende con buen pie!

file1191263850835   Ayer, en la agenda tenía citados a unos chicos que iban a empezar su aventura empresarial. Constituían una sociedad de responsabilidad limitada. Se aprovechaban de las ventajas telemáticas de la constitución. Rapidez y bonificación en los aranceles notariales y registrales.

   Llegaron puntuales a la cita y aportaron la documentación que faltaba pero… uno de los certificados esenciales para la constitución de la sociedad, el relativo al depósito del dinero en el Banco… ¡Estaba mal emitido! Sí, en lugar de poner que la sociedad que se constituía y para la cual se desembolsaba el capital era “La sirenita alicantina, S.L.”, aparecía, simplemente, “La sirenita”. Parece un detalle sin importancia, ¿verdad?, pero una palabra de más o de menos incide en la denominación social de la compañía.

   Afortunadamente, los emprendedores fueron al Banco, tuvieron suerte, encontraron al director en la oficina y con poco más de dos horas de retraso retomaban la firma de la escritura.

   En otras ocasiones, la denominación social la solicita una persona que nada tiene que ver con la sociedad y que no interviene en el proceso constitutivo. Lo que parece, como el anterior, un detalle sin importancia, es bastante más grave de subsanar. La persona que solicita la denominación debe ser socio fundador. El error es difícilmente remediable, pues, de facto, o entra en la sociedad o bloquea la denominación social para su uso por los emprendores inicialmente previstos durante varios meses, con lo cual, lo que se consigue es hacerla inservible, tener que pensar una nueva denominación, volver a solicitarla y tener la suerte de que esté libre. Al final, un enorme coste temporal y de oportunidad. ¡El tiempo es un activo en la actualidad!

   Los dos supuestos anteriores, contra lo que se pudiera pensar, por desgracia, se repiten varias veces a lo largo del año, generan malestar, desánimo y minan la moral del emprendedor.

   ¿Solución? Emprender con buen pie. En la época actual, internet y las nuevas tecnologías suponen un cambio exponencial de los modos de vida y de plantear soluciones. Se abaratan, en general, costes; sin embargo, no debería caerse en la tentativa de que, aunque sea técnicamente viable, vale para todo lo de “¡hágalo usted mismo!”.

   Cierto, en ocasiones ganaremos tiempo y dinero invirtiendo en un profesional que se encargue de tutelarnos en el proceso fundacional.

   Así, por ejemplo, en la Notaría no realizamos la gestión del certificado bancario, aunque se puede anticipar antes de la firma y no esperar al último momento, en el caso que nos ocupa el error se hubiera detectado fácilmente y sin costes.

   En cambio, sí solicitamos desde la Notaría, las certificaciones de denominaciones sociales, se hubiera repercutido un pequeño coste, pero los emprendedores hubieran ahorrado días de dilación y pérdida de ilusión.

   De nada sirve tener coches de carreras si no sabemos conducirlos o si no tenemos las carreteras adecuadas. ¿No creéis?

   Antonio Ripoll Soler

   Notario de Alicante

   www.notariaripoll.com

 

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