Memoria de opositor

memoria de opositor   Es un tópico referirse a la “memoria de opositor” en relación a aquellas personas que tienen la virtud de tener mucha memoria. La memoria es una cualidad. Sin embargo ¿qué papel juega la memoria para aprobar una oposición? ¿Están bien planteados los sistemas de ingreso, mediante oposición, en determinados cuerpos del Estado? ¿Demuestra la cualificación del profesional que accede al Cuerpo?

   Esta y otras cuestiones relacionadas se planteaban, este fin de semana, en twitter en un interesante debate que he mantenido con Don Federico Garau ( @conflictuslegum ) – Catedrático de Derecho Internacional Privado y editor de Conflictus Legum -;  con Doña Pilar Diago ( @p_millennium ) -Catedrática de Derecho Internacional Privado y Coordinadora de Millennium DIPr -; y,  con Don Santiago Cavanillas ( @SantiCavanillas ), Catedráticos de Derecho, todos ellos, principalmente, y otros tuiteros domingueros que han hecho ameno un soleado domingo alicantino. Se han dijeron cosas muy interesantes.

   En general, se criticaba el papel que jugaba la memoria para acceder a determinados cuerpos del Estado a través de oposición. Notarias, Registros, Judicaturas, Abogacía del Estado… comparten un sistema de ingreso similar. Todas las oposiciones citadas, como cualquier otra, son muy duras y una parte importante para el éxito la juega la literalidad con la que el opositor sepa exponer el Derecho positivo, esto es, recitar los artículos de distintos textos legales, palabra por palabra, coma por coma y punto por punto.

   El sistema, en principio, parece aberrante. No parece ir con los tiempos ni la metodología de estudio ni la consiguiente formación para el ingreso. Al menos, no parece, como argumentaban, con autoridad, los citados, -unos con más pasión y convencimiento  que otros- coherente con los planes de estudio universitarios que surgen tras los criterios de Bolonia. Al mismo tiempo, se cuestiona, con acierto la utilidad de memorizar leyes  y que, por ende, esa habilidad sea tomada como medida de cualificación para el ingreso en esos cuerpos que, a su vez, exigen una alta cualificación.

   Se ha hacía hincapié en la necesidad que tiene el jurista de adoptar una actitud crítica hacia las normas. Lo importante es saber encontrar, enfocar y resolver los problemas sobre la base de los distintos recursos de que todo profesional del Derecho tiene a su disposición y, especialmente, a la vista del estudio e interpretación de las normas. Si todo esto es así ¿para que sirve la memoria?

   Recuerdo de mis tiempos de opositor, un compañero, que con cierta lógica, decía:

   “Esto está mal planteado, todo el mundo lo sabe, el problema es que una vez que aprueban, se olvidan y se dedican a poner el pie en la puerta como para tratar de evitar que se cuele nadie más”

   En las oposiciones, en mi caso, al título de Notario, hay un alto componente de escenificación, es decisiva la capacidad expositiva -algo que también, no nos engañemos, se valora en la Universidad-, de forma que no sólo hay que saber sino también parecerlo. Hay cuatro exámenes. Dos de ellos, los primeros, son orales. En los mismos, como se puede ver en este vídeo, se trata de meter el mayor contenido posible en un tiempo tasado. Por ello, la calidad expositiva, hablar bien, claro, con entonación… juega un papel decisivo.

   Sucede también que el Tribunal, por mucho que sepa, lo que tiene encima de la mesa, son los distintos códigos, con lo que resulta un recurso muy fácil seguir con el dedo quien está diciendo los artículos literalmente y quien no. El que los dice literalmente, está claro que conoce -ya veremos de qué manera- todo lo que ha recitado. El que explica, puede que lo conozca y puede que no. Así las cosas, puede que la perversión no esté en el sistema de ingreso sino en los que lo ponen en práctica. En cualquier caso, es una verdad aceptada como dogma de fe que los artículos se han de decir literalmente.

   La consecuencia lógica es que parece que el opositor y, posteriormente, el profesional, atesora como único mérito -que humanamente no es poco, aunque tal vez, por sí solo, no sea lo adecuado- de haber memorizado miles de artículos.

   La anterior afirmación, la verdad, ni es justa ni es acertada. Que una parte importante del acceso dependa de la memorización de unos artículos no quiere decir que el que apruebe sólo sepa preceptos legales de memoria, ni tampoco que sea inútil saberlos. Si no sabe poner en relación las distintas normas estudiadas difícilmente aprobará. Si aprueba sin esa aptitud no dejará de ser un error del sistema. Como quedó dicho, existen, además de los dos orales, dos ejercicios prácticos sumamente complejos; en los cuales el opositor interpreta las normas, de hecho puede usar los textos legales durante el examen, con lo que, evidentemente, no se trata de tener una tarjeta de memoria para resolver los ejercicios prácticos, sino de haber estudiado los temas, las diferentes posiciones doctrinales, tener un espíritu crítico y, muy especialmente, poner en relación todos los temas y leyes. El Derecho es un sistema, cualquier parte interpretada aisladamente pierde sentido si no se pone en relación con el todo.

   Lo cierto es que, aunque juristas, los opositores no tienen que hacer una tesis doctoral -esa es una tarea que quien tenga ganas y oportunidad afrontará en el futuro-. Los conocimientos del opositor son extensos y no tienen la misma intensidad que puede tener el especialista en una determinada materia puntual o el Catedrático. Sin embargo, a los notarios, se nos pide una respuesta inmediata a problemas del día a día. Para ello viene francamente bien conocer todos los vericuetos del sistema y de una forma ágil. Al mismo tiempo, debemos tener cualificación para afrontar con éxito el estudio de un tema complejo; sin embargo, aceptar tal o cual poder, la interpretación de una cláusula de un testamento, el cumplimiento o no de un determinado requisito administrativo… son cosas que demandan respuesta instantánea. Es algo que la celeridad del tráfico jurídico impone. El haber memorizado los preceptos es lo que permite ese tipo de respuesta; tal vez no sea lo ideal pero eso es lo que quiere el ciudadano cuando surge cualquier imprevisto en el momento de la firma, lo cual también daría para muchos post -pretendemos certeza absoluta de forma instantánea en cosas que, tal vez, nos acompañen el resto de nuestras vidas, los tiempos, muchas veces, no los marca la complejidad del problema sino cosas anecdóticas como tener el coche mejor o peor aparcado-.

   Sin embargo, una vez aprobada la oposición, el profesional no puede quedar en la foto fija del momento del aprobado. Las leyes cambian. La adecuada preparación universitaria será la que le haya facilitado ganar el espíritu crítico, las técnicas de trabajo e investigación necesarias para, sin perjuicio de los conocimientos adquiridos seguir profundizando en los mismos y dando una respuesta de calidad a los problemas que la sociedad demanda. Se ha de seguir estudiando y ya no se estudian cosas de memoria, porque lo añadido opera sobre algo sólidamente asentado.

   Saber determinadas normas literalmente no da esa calidad, pero sus requisitos sí deben saberse de memoria. Sumar, restar, multiplicar o dividir son cosas que deben ser sabidas; sin embargo, resolver una fórmula matemática compleja requerirá estudio y formulación. Con el Derecho, entiendo, pasa algo parecido.

   Es necesario, por consiguiente, buscar el equilibrio adecuado entre memoria y técnica de resolución de problemas, pues son dos cuestiones complementarias. A partir de ahí, cambiar o no el sistema será una opción; sin embargo, antes de hacer cambios, es imprescindible meditar sosegadamente sobre las bondades de lo que tenemos, sus inconvenientes y, muy especialmente, sobre una forma ecuánime de satisfacer todos los intereses en juego.

   ¿Qué sistema garantiza esos objetivos?

Antonio Ripoll Soler

Notario de Alicante

www.notariaripoll.com

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4 Comentarios »

  1. Me ha gustado esta píldora, con la claridad expositiva de costumbre. La técnica para la resolución de problemas a la que aludes es fundamental: es la inteligencia, pero la inteligencia, maravillosa cualidad y herramienta del ser humano, no haría nada sin la memoria. Es algo parecido al hardware y el software. Esto es una pequeña reflexión simplemente.

  2. Buenos días D. Antonio, como opositor que soy coincido con la mayor parte de lo dicho. No obstante, los puntos a tratar son varios.

    De un lado, si bien el sistema actual no es el ideal, es fácilmente medible y permite en gran medida la objetividad en la evaluación.
    La capacidad memorística, si bien no supone en si misma valor alguno supone una fuerte barrera de entrada para unas profesiones para las que hay pocas plazas y en una sociedad con un creciente número de titulados superiores en derecho.

    De otro lado, si no se evalúa la memoria, (fácilmente mensurable, insisto) ¿Que debe ser objeto de evaluación?. ¿La empatía?, ¿la probidad? ¿El sentido de la justicia?. Todas ellas en demasía susceptibles de una apreciación en demasía subjetiva.

    En el post se aduce:

    “Lo importante es saber encontrar, enfocar y resolver los problemas sobre la base de los distintos recursos de que todo profesional del Derecho tiene a su disposición y, especialmente, a la vista del estudio e interpretación de las normas”

    No obstante todas esas cualidades, a mi juicio, ya las poseen quienes terminan su carrera siempre que la hayan cursado con un mínimo rigor.

    En suma. No es que lo que haya sea perfecto. Ni mucho menos. Es que temo que lo que pudiese sustituir esas pruebas de acceso sea cuanto menos igual de inidoneo.

    Un saludo cordial.

    Miguel Alonso de Linaje Gonzalez.

    • Estimado Miguel:
      Me parece una valoración muy juiciosa la que haces. Tocar el sistema actual sin un alto grado de rigor podría llegar a ser temerario. Sin perjuicio, además, de que cada oposición tiene sus peculiaridades.
      En el debate de twitter del otro día, una de las cosas que se ponía sobre la mesa es la falta de adaptación de los temarios a los cambios legislativos. Ciertamente, lo que sí que sería necesario, para empezar es un mayor dinamismo en el sistema. Los programas no pueden seguir haciendo referencia a instituciones que no forman parte del Derecho vigente cuando de estudio de Derecho positivo se trata.
      Gracias por tu participación, bienvenido, te animo a seguir haciéndolo y, por supuesto, suerte con tu oposición!!

      • Muchas gracias por los buenos deseos D. Antonio.

        Totalmente de acuerdo con la idea de reformar los temarios. Les hace falta una buena puesta al día. Me sorprendo a diario con detalles de muchas de nuestras profusas y arcaicas instituciones jaja.

        Un saludo muy cordial.

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