Mis asuntos en España: Apoderamiento preventivo

emigrar y poderes   La época que vivimos ha recuperado para la cotidianeidad de las personas debates y situaciones que parecían olvidados. La crisis económica, incluso aunque para algunos se empiece a ver por el retrovisor del coche de nuestras vidas, sin embargo, marca un antes y un después en la forma de trazar nuestros planes vitales. El papel en el que cada cual escribe la historia de su vida se ve marcado por una arruga grabada en el mismo. Para unos, los más afortunados, simple marca, para otros rasgadura insalvable, para todos: una nueva forma de afrontar planes y proyectos.

   En estos días, se convierten en citas tópicas, en cualquier reunión de amigos, en cualquier visita a un profesional, expresiones tales como:

   “La crisis ha enseñado mucho a las personas, no se volverá a vivir con la alegría de antes, porque todos hemos aprendido mucho de esta ala experiencia”.

   Si esto es cierto o no, el tiempo lo dirá. Situaciones nuevas se tratan de forma nueva. Incluso, penurias económicas como las de la época actual se abordan de forma distinta en relación a situaciones similares de épocas pasadas. La sociedad actual está mucho más preparada, por eso, pese a ser muchos los que en la década de los 60 del siglo pasado emigraron, principalmente, a Europa para traer sustento a los hogares españoles; en la actualidad, los procesos migratorios a los que se ve abocada, principalmente, nuestra juventud, presenta unos perfiles bien distintos.

   En efecto, vivimos en una sociedad con unas estructuras -sociales, económicas y tecnológicas- más complejas que las de aquella época. El emigrante, a diferencia de lo que antes sucedía, no se va con una mano delante y otra detrás. El emigrante actual suele ser un joven con buena preparación, tiene unos padres con una larga expectativa de vida; incluso, es miembro de una incipiente familia; además, ene este caso, a diferencia de lo que sucedía entonces, por el cambio de estructuras sociales, es la propia pareja o familia la que se traslada en bloque al extranjero. Es una situación dura; sin embargo, la dureza de la experiencia no debe hacernos perder la perspectiva.

   En este contexto, también desde la notaría, se ve la adaptación de instrumentos y soluciones jurídicas frecuentes a los tiempos que vivimos. Recuerdo, no hace tanto, el día en que un joven, de menos de treinta años, vino solicitando que se le preparase un apoderamiento preventivo. El poder, normalmente general, que sirve para prácticamente todo, con carácter preventivo, esto es tomando en consideración no solo la situación actual del propio poderdante, sino también una eventual pérdida de facultades, no suele ser habitual en personas de dicha edad.

   En ese momento, para explicar al joven el alcance de lo que solicitaba, en presencia de sus padres, pues la escena suele ser inversa -son los padres los que dan ese tipo de poderes a los hijos- le pregunté qué era lo que le movía a otorgar ese poder, -siempre procuro averiguar los móviles de lo que se solicita para que el documento consiga la finalidad pretendida-; la respuesta fue tan rápida como obvia:

   “El mes que viene me voy a Chile, por trabajo, soy ingeniero, aquí, ya se sabe, no tengo nada que hacer. En principio me voy para un año, sin embargo, la realidad, no se cuando volveré.

   Durante ese tiempo, quiero que mis padres se ocupen de todos los asuntos que dejo aquí, tengo casa, cuentas bancarias, incluso varias solicitudes de empleo cursadas…”

   Al joven no le faltaba razón. El viaje de la vida nos lleva por caminos que desconocemos, en tales situaciones, es bueno poner orden y cautela al tiempo recorrido. Un cambio de residencia, una aventura o experiencia vital hacen conveniente no dejar cabos sueltos en la tierra que ahora dejamos. A veces la vuelta no siempre es fácil, bien económicamente, bien personalmente. En el caso del chico, el viaje transcontinental es caro y no siempre se puede volver a resolver asuntos en España cuando estos lo requieren.

   Es fácil pensar que sólo a nosotros nos beneficia o perjudica dejar un poder firmado en España en aquellos momentos en los que ponemos un paréntesis en nuestra vida o damos un golpe de timón al rumbo de la misma; sin embargo, en otras ocasiones, los perjuicios podemos causarlos a las personas que dejamos en España, me viene a la cabeza la experiencia que me relataba otra joven en circunstancias análogas, cuando le hice la misma pregunta:

   “Estoy sin trabajo, no se cuando volveré a tener ocupación, por eso, vitalmente, he pensado, me encuentro en un momento apropiado para perderme por el Sureste Asiático, es que siempre he querido hacer. Sin embargo, como es peligroso, cosa que no me importa, no quiero causar ningún perjuicio a mi familia si tengo que resolver cualquier asunto que les afecte y no pueden localizarme”.

   Estas experiencias no siempre serán generalizables, pero sí tienen en común la necesidad de plantearse ordenar los propios asuntos cuando desatendemos nuestro centro vital de intereses por el motivo que sea. En tales circunstancias, solicitar asesoramiento profesional sobre las consecuencias de nuestro cambio de residencia, se ve sumamente conveniente.

   El presente post lo dedico a mis amigos de Millennium DIPr que son quienes me lo han sugerido con ocasión de su iniciativa de ilustrar con películas la transcendencia jurídica de situaciones cotidianas de la vida de las personas bajo el hashtag #CineMill .

Antonio Ripoll Soler

Notario de Alicante

www.notariaripoll.com

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3 Comentarios »

    • Gracias por tu participación.
      Si bien es cierto que parto de la idea de un poder general, este se puede acotar a las circunstancias del caso concreto, me gusta más creer en la bondad de las personas que en los efectos nocivos de depositar la confianza en una persona muy allegada, aunque se deberá estar a las circunstancias del caso concreto. Entre otorgar un poder preventivo y no hacer nada hay muchos matices, es conveniente estar debidamente asesorado.
      Saludos

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