¿Cuál es la mejor edad para hacer testamento?

¿A qué edad conviene hacer testamento?   En la última entrada me preguntaba una lectora sobre ¿cuál es la mejor edad para hacer testamento? Como lo prometido es deuda, aquí van mis reflexiones al respecto.

   Hacer testamento no es algo agradable para todo el mundo. Normalmente, se rehúye porque parece que es enfrentarse a la propia muerte. Sin embargo, yo pienso que eso no es más que una excusa para evitar reflexionar sobre cuestiones que, a veces, incomodan a las personas.

   La realidad es que hacer testamento es mucho más que decidir a quién van nuestras propiedades tras nuestra vida. Cuando la cabeza de las personas es neutra, los afectos de las personas se reparten igualitariamente y poco más hay que añadir. En esos supuestos, hacer testamento es sencillo. Sin embargo, en otras ocasiones, la experiencia vivida hace que abordar el momento de hacer testamento implique decidir sobre determinadas prioridades y valores. Dar preferencia a alguien entre parientes de igual grado; preferir a una persona de más alejada teóricamente frente a otras que están más próximas. Dejar por escrito la motivación de uno u otro afecto… es algo que no a todos apetece. Mayor tiempo vivido implica tomar en consideración más elementos de juicio.

   Muchas personas piensan que el testamento es más necesario cuanto más mayor se es. Es una grave equivocación. Estas personas piensan que la proximidad del final de la vida es determinante. Si bien es cierto que en ese momento debería tenerse una voluntad formada y, por consiguiente, debería estar ya plasmada por escrito. Al final de la vida las cosas están muy claras. Se sabe si se tiene o no patrimonio; el carácter de los hijos está totalmente formado, los afectos, aunque son mudables, están definidos…

   Es en la juventud, cuando, por el contrario, nos podemos ver sorprendidos por un fallecimiento repentino. En esos casos es cuando más conviene haber hecho testamento.

   Aunque se puede hacer testamento a partir de los 14 años, nunca he autorizado ningún testamento de un menor de edad. Supongo que la norma, con más de 100 años de vigencia, tenía su lógica en una época en la que la esperanza de vida era menor, los matrimonios acaecían antes y, en general, los acontecimientos más importantes de las personas se precipitaban en el tiempo.

   Actualmente me parece importante hacer testamento en el momento en el que se abandone la vida despreocupada de la niñez y adolescencia. Así, cuando se es emprendedor, con más o menos éxito; se convive de forma estable, en pareja, con otra persona, se procrean hijos, se accede a la propiedad, con nuestra pareja o con otra personas, nos endeudamos… son situaciones en las que puede ser muy conveniente haber hecho testamento. Podemos plantearnos estas preguntas:

  • ¿Queremos que nuestra pareja participe en nuestra sucesión o preferimos a nuestros padres?
  • ¿Nos importa más proteger a nuestros hijos o garantizar la estabilidad de nuestra pareja frente a ellos?
  • ¿Cómo queda mi pareja si fallezco sin haber pagado el préstamo?
  • ¿Qué pasa con las deudas hereditarias?
  • ¿Para quién será mi negocio? ¿Doy preferencia a mi mujer y mis hijos? ¿Evito problemas a mi socio y garantizo una transmisión ordenada de la propiedad?

   Más tarde surgen otros muchos interrogantes, pero los que acabo de plantear son propios del momento vital en el que empezamos a abandonar el nido del hogar paterno y nos independizamos. Cada cual tiene su experiencia vital, pero entre los 20 y los 35 años, todos, de una u otra manera, nos hemos visto en alguna de las situaciones anteriores.

   ¿Se os ocurre alguna situación distinta como determinante para hacer testamento?

Antonio Ripoll Soler

Notario de Alicante

www.notariaripoll.com

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4 Comentarios »

  1. Me gusta esa idea de atender a cada momento vital. Como siempre acierto en la visión y en la explicación. A veces esperamos a que ocurra algún suceso que nos alerte de la posibilidad de morir o de que algo pueda pasarnos, quizás un punto de inflexión que nos haga pensar que podría no estar de más tener las cosas en orden. En mi caso, una enfermedad. Pero puedo confesar que sentarme frente a un papel en blanco y ordenar mis pensamientos, mis deseos y lo que espero ocurra cuando no esté, ha servido para ordenar mucho más que esos pensamientos y deseos, me ha dado una cierta tranquilidad, una paz de pensar que al menos, cuando no esté, mi voz será la que se escuche y mi voluntad la que se reconozca en ella. Nunca es demasiado pronto para reflexionar y si después, pasado un tiempo las cosas cambian o hemos decidido que queremos algo distinto pues no hay más que cambiar esos deseos anteriores y manifestarlo.

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